
Las jóvenes Sheila y Olaya con sus cobayas Carlitos y Pepi. ■ tc.c/c. gonzález

El veterano Lucas pasea por las calles de Macastre con su pato, con el que comparte el día a día. tc.c
■ v.m./r. puchades/carla gonzález
Macastre/Turís/Yátova
Los canes —especialmente los perros— han dejado de ser el mejor amigo del hombre, o al menos el único. Ya son muchos los vecinos de esta zona del interior que han decidido adoptar animales de compañía menos comunes y que aportan, sin duda, un color exótico a su devenir diario.
Este es el caso de Lucas, un veterano amante de los animales residente en Macastre y que hace un año convirtió en su mascota a un curioso pato con el cual, como reconoce, sale a pasear por las calles de la localidad «todos los días de la semana».
A sus ochenta años, este vecino confiesa su afición a educar a los animales a fin de lograr de éstos un comportamiento más o menos cercano al de los humanos. Después de todo un ejercicio ha conseguido que este curioso animal le acompañe con total libertad y sin ataduras durante el paseo diario sin separarse de su lado y despertando la curiosidad de los viandantes.
El anciano ha explicado que no hubo premeditación en la elección de este animal, pues todo fue fruto de la casualidad. La afición a la cría de animales de «corral» fue el punto de partida de esta historia que espera tener su continuidad con otros animales.
Según el propio Lucas, a día de hoy está trabajando «con otro pato y con un gato», animales a los que está tratando de educar para que puedan mantener un contacto más cercano con las personas.
Además, la unión de este vecino y su compañero de fatigas ha quedado inmortalizada para la posteridad en un gran cuadro en el que aparecen ambos y que fue uno de los protagonistas de la última exposición pictórica realizada en la Casa de la Cultura de Macastre recientemente.
En esta localidad, también hay quien ha arriesgado un poco más y ha decidido criar como animal doméstico a uno de los que está acostumbrado a transitar a sus anchas por nuestros montes: el jabalí.
Este es el caso de José Luis, un joven que pelea a diario por dominar a uno realmente grande y que ya ha exhibido en ocasiones puntuales, como la tradicional bendición de animales por San Antón en su pueblo.
Después de año y medio compartiendo vida en común, el dueño ha explicado que a día de hoy no puede transitar a diario con él por las calles de la localidad, «pues se necesita de un arnés mucho más fuerte del que tengo ahora debido a la gran fuerza del animal».
Fidelidad del rayón
En Turís, un silbido o simplemente escuchar la voz de su dueño es suficiente para que, Chispa, acuda veloz. Esto sería lo habitual para una mascota común como un perro o un gato, pero se trata de un jabalí, un animal que nació salvaje y que su dueño encontró casualmente.
Jaume Nogueroles es el propietario de Chispa, este pequeño rayón de apenas 4 kilos lo encontró en una balsa de su propiedad en una partida del termino de Turís junto con otros cuatro jabatos. En esos momentos la balsa estaba sin agua y, al parecer, los animales cayeron dentro y no pudieron saltar el pequeño muro.
Jaume los cogió y se quedó con Chispa mientras a sus hermanos de camada los repartió a varios amigos. Durante tres semanas Jaume se encargó de amamantar y alimentar a su mascota, algo que el animal no ha olvidado y ahora, con apenas cuatro semanas en cautividad, sigue a su dueño con fidelidad.
Un simple silbido o escuchar la voz de Jaume es suficiente para salir a su encuentro. Pero sólo responde a su dueño, el animal es reacio a las caricias de otras personas y en contadas ocasiones se deja atrapar por manos ajenas.
Ahora Chispa comparte corral con uno de sus mayores enemigos: los perros. Es uno más y comparte juegos y espacio con quienes en otras ocasiones persiguen a sus congéneres. Como ha explicado Jaume, a veces comparte comida y juegos con su perro Teo, un can dócil. Incluso en ocasiones, como destaca Jaume, el jabalí muerde a Teo en su afán por disfrutar del juego.
El comportamiento de Chispa es enormemente extraño en este tipo de animales, ya que como es este caso, este rayón nació salvaje. En apenas unas semanas se ha adaptado a la vida en cautividad con humanos y a su contacto directo.
Esta situación también ha comportado otro cambio, esta vez en los perros de caza que se encuentran en el mismo corral que Chispa, los podencos, quienes no se inmutan ante la presencia del jabalí, algo sorprendente ya que en el monte cuando están cazando y se encuentran con algún ejemplar de cerdo salvaje suelen tener luchas que en ocasiones llegan a ser mortales.
Dos coballas muy coquetas
Lejos de arriesgarse con animales de gran envergadura, las jóvenes de Yátova Sheila y Olaya Cifre Ballester —de 8 y 15 años, respectivamente— han decidido tomar como mascotas a dos cobayas, un animal que se podría calificar como una mezcla entre rata y conejo, y a las que también se denominan conejos de indias.
Tal como han confesado, la adquisición de estos animales —bautizados como Carlitos y Pepi— fue algo curiosa, pues el día en el que se conocieron, las jóvenes iban en busca de una tortuga. Casualidades de la vida, una vez en el lugar de adquisición conocieron a estas dos preciosidades con las que en la actualidad comparten su vida.
Estas chicas reconocen estar muy satisfechas con la elección, de sus mascotas, algo que se confirma en el trato diario con sus animales; y que, como este semanario ha podido comprobar, el cariño que se dispensa a estas cobayas no difiere en exceso del que otras familias ofrecen a los hámsters, aunque con la evidente salvedad del tamaño, algo mayor en este caso.

